
La ciudad del Turia amanece a mediados de marzo con la despertá, cientos de tracas que agolpan los oídos para dar comienzo a un nuevo día de fiesta. Impertérritas al sonido, al bullicio y al ajetreo, las fallas permanecen inmóviles escuchando el lejano rumor del Turia y respirando la sal mediterránea. Saben que alguna de ellas se librará de la quema. Capital mundial de la paella, Valencia, se convierte, por unos días, en la ciudad del fuego por excelencia de todo el Mediterráneo.










